domingo, 30 de junio de 2013

MIL VECES



-¿Por qué tan lejos?
No le contesto.
-¿Regresarás?
Callo.
-¿Ya te vas?
-Sí.
Sus ojos humeaban amor, su boca: marihuana; y su piel desnuda se quemaba de sexo.
-¿Para qué querías que me quedara? No notaste cuando estaba aquí. Sabes que me fui porque nadie te acariciaba al despertar.
No me atrevo a decirle más.
-No te vayas, quédate un poco más.
Sabía que me deseaba. Me gusta.
-Sé que me deseas, ven y sé un hombre.
Ya soy un hombre. La deseo, quiero probar su piel, besar sus hombros, morder sus senos. Tan hombre que no lo haré.
-Deséame.
Su lengua es un arma.
-Cógeme.
Tiene espinas. Rasga mis oídos. Sangran.
-Nunca has sido bueno en nada, no, eres carne. ¿Crees resistirte a mí? No puedes.
Se para junto a mí.
– ¿Quieres que hoy sea rubia? No, no quieres eso. Tal vez morena. No.
Sonríe.
– Roja, me quieres roja.
Lo supo.
Siento su desnudez sobre mí, cada poro se llena de ella.
-No quieres sangre, no la necesitas. Soy yo quien te llena, la que te hace vivir. Nunca has sido bueno en nada, ni siquiera en vivir.
¿Por qué no se calla y me toma? Tal vez tiene razón. Mi vida era esa vieja máquina de escribir. Tecleo para mitigar el dolor. Su voz se perdía entre los sonidos de las letras. Pero como castigo del infierno entra en mí, como yo quiero entrar en ella.
-Nunca has sido bueno en nada, en nada, en nada, en nada.
Era un demonio. Me gustaba.
-¿No quieres esto?
Sí lo quiero, pero no lo tendré.
– Házmelo cómo quieras.
Dejo de escribir.
- Entendiste, eres mal escritor, mal amante, pero eres mío.
Giro hacía mi otro amor y sigo escribiendo.
-¿Eres marica? Ven y cógeme.
Grotesca.
– Bésame aquí.
Erótica.
­– Arráncame la piel.
Perversa.
– Llena mi boca con tu ser, con tu sexo.
Diosa.
-NO.
 Le digo con los labios. Hablo con los ojos. La poseo con la mente.
Ríe infernalmente.
– ¿No quieres? Imbécil ¿Piensas que tu máquina te hará lo que yo? Eres mal escritor. Mediocre.
Rompe mi vida.
-Tan mal escritor. Nunca has sido bueno en algo. En nada, trozo de carne.
Se masturba mientras me mata con su lujuria.
-Bueno para nada.
No pienso, no puedo. No calla.
– Don nadie.
-¡Ya cállate! ¡Cállate! ¡Cállate!
Grito.
Fue suficiente por hoy. Arranco la hoja de la máquina.
Nunca he sido bueno en algo, en nada. Un día perdido. Una hoja. Una palabra que se repite mil veces. Un cuarto vacío, lleno de humo.
Tomo el cigarrillo que dejé a medias, lo prendo. La bocanada llena mis pulmones. En mi cuerpo no hay nada. Solo humo.
Respiro y me doy el valor de hacerlo una vez más. Quemo la hoja. Una más. Soy yo definido por el humo.
La escucho gemir. Siento cómo le duele. Huelo su piel cocinándose de nuevo. Grita.
-Cógeme, cógeme, cógeme, cógeme…-
Así, mil veces.


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